Lucía Garrido

TODO LO QUE HAY DETRÁS DE UN MARISOL RUBIO

Llega septiembre y con él la vendimia; una importante tradición para todas las regiones vitivinícolas. Había escuchado hablar tanto de esta época, de cómo el olor a vino bañaba todo el pueblo, de los saludos entre cuadrillas por la radio comarcal, de los paseos en coche entre viña y viña, del cansancio del segundo y del tercer día de vendimia; y sobre todo, de la satisfacción que daba formar parte de todo esto. Sin embargo, he tenido que vendimiar durante dos semanas para darme cuenta de lo poco valorado que está dicho proceso y con ello del valor de una botella de vino.

Hiciera frío o calor, a las ocho en punto empezaba la jornada, y ahí estábamos toda la cuadrilla en los campos de bodegas Marisol Rubio seleccionando qué racimo era el indicado para formar parte del vino de nuestra bodega. Unas instrucciones que Cipriano, el jefe, se encargaba de que nos aprendiésemos. El color amarillento, la forma esférica, el tamaño medio y la jugosidad de la pulpa son alguno de los parámetros que tienen los racimos que nos permiten disfrutar de un vino de uva Pedro Ximénez. Una variedad que es típica de las zona andaluza y que es muy difícil de encontrar en los viñedos toledanos,  lo que daba una mayor responsabilidad a nuestra labor porque nuestra bodega es pionera en dicha plantación, y de hecho es la única que elabora vino con uva Pedro Ximénez en La Mancha, vino blanco seco.

Vendimiar parece una actividad sencilla, pero es la base de todo. Desde el primer día nos dimos cuenta de que era algo serio, teníamos la responsabilidad de decidir qué tipo de uva necesitaba madurar más. Una elección sencilla a simple vista, pero importante, ya que ésta, la que dejábamos en el viñedo, debería estar en perfectas condiciones semanas después para ser recogida y conseguir el vino deseado por bodegas Marisol Rubio.

A medida que transcurría el día aumentaba nuestro cansancio, hiciera frío o calor ahí estábamos toda la cuadrilla. De dos en dos íbamos observando las múltiples hileras de viñedos, retirando los racimos maduros, muy pequeños o muy grandes; dejando por tanto aquella uva exquisita que sería recogida semanas después. Un proceso que realizábamos en cubos, y que después hemos realizado en cajas donde ya iba la créme de la créme esa uva que hace el vino de Bodegas Marisol Rubio.

Entre racimos y racimos pasabas ocho horas al día, con alguna gracia de Jorge, alguna regañina de Cipriano y alguna foto de Piedad. Entonces te dabas cuenta de que no es solo la uva, el grado o el tamaño, que el vino de bodegas Marisol Rubio es algo más, es cariño, es pasión, es familia, es amor.

Características que se pueden apreciar cuando trabajas en bodegas Marisol Rubio. Todo el equipo hemos aportado nuestro granito de arena en la vendimia, desde preparar el almuerzo para el día siguiente, mandar mensajes de ánimo o preparar pasteles que hagan más ameno el día. Sí, en los viñedos hay esfuerzo, mucho, y de ello doy fe.  

Por ello y como dije al principio, la vendimia es una actividad a la que estamos tan acostumbrados que no le damos importancia. No somos conscientes de lo que hay detrás de una buena copa de vino, del esfuerzo dedicado para conseguir un determinado sabor que te acompañe en cualquier momento y que lo haga único.  Todo el trabajo de campo parece ocupar un segundo plano, todo queda reducido a una bonita botella con una buena etiqueta y un gran nombre; y solo vendimiando he sido consciente de la inversión y esfuerzo que supone llegar a esa bonita botella.

Y es que como nos dijo Jorge el primer día, hay muchos tipos de uvas, de vinos y de formas de elaborarlos; pero para nosotros, el vino de Bodegas Marisol Rubio es algo más. 

Lucía Garrido

Lucía Garrido

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